Una pregunta común en el mundo empresarial es: ¿cómo financiar un proyecto?
Para tomar decisiones acertadas en este ámbito, es fundamental comprender la estructura de capital de la empresa, es decir, cómo está compuesta financieramente. En muchos casos, el principal mecanismo de financiación proviene de los socios, y esto tiene una razón de fondo.
El principio básico de las finanzas corporativas es crear valor para los accionistas. Por ello, la rentabilidad esperada para los socios debería ser superior a la de otras fuentes de financiación. Si no es así, ser socio no resulta atractivo frente a ser simplemente un prestamista.
Ahora bien, si tienes una idea de negocio o un proyecto estructurado, es indispensable realizar los análisis necesarios para aumentar su probabilidad de éxito. Uno de los indicadores clave en este proceso es el WACC (Costo Promedio Ponderado de Capital). Este indicador representa el costo que tiene para la empresa financiarse, considerando tanto deuda como capital propio.
La regla de oro es clara: la rentabilidad esperada del proyecto debe ser mayor al WACC. Solo así se asegura que el proyecto realmente genera valor.
Entonces, te pregunto:
¿Conoces el WACC de tu empresa?